¿Qué es Sifrizuela y qué es un sifrino?

 
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Esta es la República Caurimarera de Sifrizuela: ese país que comienza en Miami, cruza el Este de Caracas, termina en Salamanca y reclama a Aruba y Camurí como sus dependencias federales; un país (¿o quizás un recuerdo?) que celebra festivales de gaitas en noviembre con parafernalia y escarcha, ve en los colegios un zodiaco, huele a Bond No. 9 y juguete nuevo de Toys “R” Us, juega tenis y hace golf ante chaguaramos gigantescos, afirma que lo feo es ‘tétrico’ y el ‘cabello’ siempre es pelo y canta himnos jesuitas en matrimonios de cotillones y niñas de genes revueltos y apellidos extraños tambaleándose entre tequeños de Festejos Mar y su decimosexto trago de la noche.

¿Y quienes son los sifrinos, su etnia nativa? Como casi todas las palabras, sifrino tiene varias definiciones. Una despectiva que nace en el último cuarto del siglo pasado (su primer registro escrito data de 1978) como alguien que es despectivo, superficial, poco cultivado y relativamente afluente. Después está el sifrino como descriptor de una tribu social, un grupo reconocible con pautas y metas distintas a los demás. Los bon vivants globalizados, los colegios privados, las experiencias únicas de las presiones familiares por ser alguien.

Para Sifrizuela, el sifrino es una tribu urbana -  un grupo que se diferencia de otros grupos urbanos por su capital cultural, es decir su conocimiento cultural y sus comodidades adquiridas. Es un microgrupo de personas de clase media alta y alta que comparten cosmovisiones, estilos de vestir y patrones de comportamientos altamente influenciados por la extensiva sociedad de consumo americanizada ocasionada por el petróleo y por (el fallido) proyecto modernizador en Venezuela. El sifrino habla Spanglish, estudia en ciertas instituciones, consume ciertas marcas y conoce Miami mejor que el oeste de Caracas. Es, a fin de cuentas, un ser híbrido - como todo producto proveniente de aquella simbiosis que es Latinoamérica.